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Desordenada Habitación

365 días después

365 días después Hoy cuando desperté las gotas de lluvia mojaban con fuerza las calles de mi barrio. Cortinas colosales de lágrimas las llaman algunos no muy lejos de aquí. Luvia la llaman otros. Tristeza en todos los casos.
Hoy me he despertado con la sensación de que nada ha cambiado desde que hace un año mi primer amigo desapareciese de la faz de la Tierra de la forma más injusta que existe. 365 días en los que todos hemos seguido caminando con más o menos suerte. 365 días en los que todo sigue igual.

Hoy te escribo amigo porque sé que en algún lugar sigues echando tus petas viendo Braveheart “con los ojos como platos”, como tú decías. Porque sé que también en algún lugar estarás sentado esperando a que yo baje y vayamos juntos a los Paúles, como en los viejos tiempos, ¿te acuerdas?

¿Sabes? El otro día vi a Diana por la noche en Argüelles. Ha cambiado bastante desde que nosotros estábamos atontaos con ella, pero supongo que en el fondo sigue siendo la misma, sólo que aderezada con la experiencia de los avatares de la vida. ¿Te acuerdas cuántas veces esperamos los dos a que se fuese al colegio para marcharnos al nuestro sólo por verla cinco minutos? ¿Te acuerdas cómo nos gustaba a los dos? Qué curiosa es la vida. Creo que vendrá a mi cumpleaños del sábado. Y espero que lo haga, porque la verdad es que se trata de alguien genial.

Hoy hace 365 días desde que te fuiste para no volver. Desde que Vic, Oli y Fausi me dijeron que te habías marchado. Desde que rompí a llorar sobre Víctor sin más consuelo que el de unas cuantas botellas de Whisky sobre el césped del parque del Pinar. Ahora, un año después, la lluvia me trae un sinfín de recuerdos, supongo que muchos de los cuales mucha gente no comprende, pero que para mi sí son importantes.

Te recuerdo paseando de mala gana a Lau por la arena mientras nos metíamos con el Jacko del Chino. Cómo nos reíamos del pobre. Te recuerdo esperando en las escaleritas de mi portal para ir juntos a clase. Aulas a las que en ocasiones no llegábamos por tus ansias de sentarte en los bancos del parque de casa de Michel.

Ahora te veo con Mario, con Jorge, con todos, andando por la calle como despistado, como siempre y en el fondo, has sido tú. Te veo riendo en el portal de Molina, dando caña a Kike y a Pedro. Te veo jugando al fútbol como nadie. Como Laudrup, ¿te acuerdas?

Te recuerdo montando en mi moto cada mañana para irnos a trabajar juntos, cuando nos echábamos unas risas por el camino hacia Plaza de Castilla, Alberto Alcocer o donde pintaras ese día. Te recuerdo hablando con Sonia sobre pintar la que iba a ser nuestra casa. Recuerdo cómo se reía ella cuando le dijiste que cada habitación sería un peta y una cerveza. ¿Te acuerdas? ¿Recurdas cómo te reíste en casa de Fausto mientras pintabas la casa? ¿De cómo liamos la de Dios desgajando los periódicos en su habitación? ¿De cómo le echabas broncas por ser tan pachorro cuando tú lo que querías era acabar de pintar de una vez?

Yo me acuerdo de muchas cosas. Y la verdad que, pasados los días, las echo de menos, aun cuando en el último año antes de tu marcha nos nos vimos mucho. Sólo una docena de veces y tres de ellas para tramar cosas poco buenas.

¿Sabes? Veo muchos días a Ana. La veo en el metro, cuando voy a trabajar. Vamos hablando de muchas cosas, pero nunca de ti. La veo y recuerdo las broncas que te echaba siempre que os veía juntos. Recuerdo cómo te decía que no la merecías. Era gracioso verte asentir con esa chulería graciosa que te caracteriza. La veo perdida; muy perdida. Con pocas o casi ninguna gana de hacer nada. ¿Sabes? Dice que se va de Madrid, que no quiere estar aquí. Dice que deja el trabajo. Y sus ojos dicen que te echa de menos.

365 días después todo sigue igual por aquí, salvo que Victor ahora está en Harrowgate (Reino Unido) buscando tranquilidad. ¿Sabes? Creo que lo ha conseguido. Oli se ha echado novia y Kuki sigue tan gruñón como siempre, pero ya sabes, ennoviado. Y Fausto...bueno, con Fausto estoy seguro que hablas muy a menudo, aunque él no quiera decirlo. Seguro que muchas noches viajas con él en su furgo a repartir los periódicos, ¿a que sí?

No quiero entretenerte porque seguro que tienes que hacer alguna cosa. Pintar esas casas que querías o alcanzar una tranquilidad que tu vida no supo darte más que al final, y cuando llegó, sólo duró unos meses.
Un abrazo Iván. Tarde o temprano todos nos veremos allí donde tú estás. Así podremos beber juntos unas cervezas, fumar unos cuantos porros y reírnos mientras terminamos aquella partida de Mus que nunca pudimos acabar.
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2 comentarios

ebola -

la nostalgia suele ser propia de la gente que ha sabe querer.los pelos de punta como escarpia rizados en forma de ocho al terminar de leerlo.

chema -

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