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Desordenada Habitación

Aquellas tardes en Villa, en Manoteras, en la Alameda...

Hoy he visto Hardball de nuevo. La peli de Keanu Reeves en la que tiene que entrenar a un equipo de béisbol de chavales para pagar sus deudas de juego. Ha sido un impulso. Salía de pedir el alta en el ambulatorio cuando he dicho: ‘voy a comprarme unas películas para pasar el fin de semana lo menos aburrido posible ya que no puedo salir aún’. El caso es que entre todos los DVD de descuento allí estaba. Hacía un montón desde la primera vez que la vi, así que bueno, gastar cuatro euros en esto es mejor que hacerlo en una copa, ¿no?No sé si ha sido porque todavía me dan bajones de tensión, o porque sigo agilipollado con los antibióticos de caballo esos que me mandó el doctor –un tío incapaz de mirarte a la cara cuando te atiende, pero que sabía la actualidad de Recoletos al dedillo, pa cagarse-, pero el caso, que se me va el santo al cielo, es que no sólo he vuelto a entusiasmarme con esta peli, sino que ha conseguido hacerme recordar, de pronto, cientos de momentos de la época en la que nosotros, todos, jugábamos de pequeños.De quien más me he acordado es de Casas, porque creo que, en el fondo, sólo él siente ‘eso’ que siento yo cuando he jugado, he entrenado o he visto un partido en la tele. ‘Eso’ es lo que hace que el deporte, a pesar de los miles de millones que se mueven alrededor, siga despertando pasiones. ‘Eso’ es lo que consigue que cuando marque tu equipo te abraces a cualquiera que pase por ahí, lo que hizo que Fausto llorara cuando Mijatovic marcó a la Juve, lo que provocó que medio Madrid se paralizara cuando Alfonso marcó el gol definitivo a Yugoslavia en la Eurocopa del 2000.Esta noche veo con claridad a Manso jugando de libre en el Liceo Madrid como nunca he visto a nadie hacerlo, a Casas y Cambro en aquella grandiosa liga 92/93 jugando en el Colonia, a los chavales del Aleph sentados en medio del campo en aquellas calurosas tardes de junio, sí, esos que siempre perdían pero que se lo pasaban como nadie. También recuerdo al Génova de esa liga. ¡Cómo jugaban! Y al Fray Escoba, al Villarrosa…Veo con claridad a Victor corriendo la banda, a Jorge y a todos los chungos en el Ehosa y al Tocho (¡qué entrenamientos aquellos!) y a Manolo, el hermanísimo, con nosotros en los Paúles. Me acuerdo de cómo tuve que jugar la final del torneo de primavera con todas las costras de la varicela y con fiebre, de cómo la ganamos, de ver ese vestuario gritando entre las locuras de Villalba, Peco, Paco, Mendoza… Veo cuando empecé a entrenar, como muchos de vosotros. De ver enfrente a un montón de críos que nos sacaban de nuestras casillas y casi siempre se negaban a entrenar con seriedad. Las broncas del Manso, el famoso ‘¡Gonzalo Obispo Cerviño, fuera de España!’ que soltó en uno de sus shows vespertinos, los comienzos con Kike y con los cadetes del colegio… Todavía me acuerdo de los tres únicos jugadores que se presentaron antes de que tuviéramos que ir clase por clase pidiendo chavales: Lucas, Jonás y Ramis. Me acuerdo de Javi lanzando esos obuses en aquel equipo del 96/97, de Ramis caracoleando en la banda izquierda, de Alberto ‘El Lesionado’ llenando el campo y del otro Alberto quemando la línea de cal detrás de él, de Rubi jugando de libre o de Evaristo cazando a algún rival. Tengo todos esos momentos guardados, a cámara lenta, en mi retina. Jonás haciendo algo que todavía no he visto a un profesional y que nos dejó al Moe y a mí con la boca abierta, los dos Ángeles marcando más de 27 goles, uno en la 98/99 y el otro en la 99/00, Lucas convirtiéndose en El Gran Capitán… ¡Dios, qué recuerdos!

Todos, todos ellos forman parte de ‘Eso’. Yo sé que vosotros lo sentís, o que queréis volver a sentirlo. Parad cinco minutos y mirad por un agujerito en vuestros recuerdos. Merece la pena, os lo aseguro.

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